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¿Es Canva el demonio o solamente una herramienta más?

Por Silvia Barrios Baena

Aplicaciones y markeplaces de recursos gráficos, ofrecen plantillas base para crear proyectos gráficos sin necesidad de tener conocimientos sobre composición, tipografía o color. La más conocida es sin duda Canva, aunque Adobe ha lanzado recientemente Adobe Express, su propia plataforma de diseño para no diseñadores, intentando frenar el despliegue de Canva y, seguramente, que le robe cuota de mercado en su oasis de aplicaciones profesionales de diseño gráfico y contenidos multimedia. 

Canva fue creada en 2012 por Melanie Perkins, una estudiante de 20 años decidida a reducir la enorme cantidad de tiempo y esfuerzo requerido para obtener un resultado de nivel con las aplicaciones profesionales de diseño. 

El negocio, que empezó en 2007 con una empresa llamada Fushion Yearbooks que ofrecía diseños vistosos para anuarios de escuelas e institutos, encontró en 2012 inversión estadounidense para evolucionar hacia el Canva que conocemos hoy. 

Canvas facilita el trabajo a los usuarios con plantillas personalizables. (Creative Commons)

La aplicación de los anuarios topó en su crecimiento, dándose de bruces con la incapacidad de dar respuesta personalizada a todos los clientes. Automatizar todos los procesos para que fuese el propio usuario quien creara sus proyectos, generaba una línea de negocio con mucho más futuro. El secreto para evitar la frustración de los usuarios: plantillas estéticamente profesionales totalmente personalizables

Canvas está valorada en más de 6.000 millones de dólares y tienen 30 millones de usuarios

La aplicación, según la revista Forbes, hoy tiene un valor de más de 6.000 millones de dólares, cuenta con más de 30 millones de usuarios. Está claro que Canva ha llegado para democratizar el diseño gráfico, pero ¿es Canva el demonio para los diseñadores y demás fauna creativa? Darle tanto poder a una aplicación es poco inteligente: Canva no deja de ser una herramienta para no profesionales que da respuesta a necesidades concretas del día a día: presentaciones, tarjetas, currículums, diagramas, anuncios, redes sociales… pero que no puede ofrecer (todavía) ideas creativas personalizadas. 

En las aulas, insistimos año tras año en la importancia del aprendizaje y control de las herramientas profesionales de diseño. Dominar sus entresijos permitirá obtener mejor resultado en la expresión de los conceptos creativos. Pero por parte del alumnado, el feedback viene en forma de soplidos y caras de estupor: escogen recalcular ruta para no tener que subir el Everest a pata coja.

Esta resistencia a invertir tiempo en el aprendizaje de las aplicaciones, les genera grandes hándicaps en sus prácticas en departamentos creativos y en la búsqueda de sus primeros empleos en agencias y estudios. Cierto es que Canva es la aplicación que utilizan por defecto algunos pequeños anunciantes, y que el precio de la suscripción mensual de las aplicaciones Adobe es un freno económico importante. Pero en las agencias y estudios de diseño, de momento, Adobe es el rey

Se abandona la idea creativa y se priorizan atractivas posibilidades técnicas. (Creative Commons)

Es difícil negar que se establece una extraña relación de amor-odio con estas herramientas democratizadoras del diseño gráfico. Muchos pensamos que al final es mejor esperar a que la idea choque frontalmente y sin airbag con la ausencia de funcionalidades en dicha aplicación para dar solución a las necesidades del cliente. Pero Canva sigue evolucionando… 

El problema surge cuando se abandona la idea creativa, dando prioridad a meterla con calzador en las atractivas posibilidades técnicas de la aplicación demoníaca. El tema se nos va de las manos y las tendencias en diseño se convierten en directrices que actúan como una jaula de oro donde la pretensión diferenciadora de la comunicación se diluye y se transforma en un discurso teórico académico del que pasar olímpicamente. 

Y es una lástima porque, como indicaba  George Lois, mítico director de arte en los años 60-70 en su libro Dammgood advice (for people with talent!), “the solution to each new problem or challenge should begin with a blank canvas and an open mind, not with the nervous borrowings of other people’s mediocrities. That’s precisely what “trends” are –a search for something “safe”  and why a reliance on them lead to oblivion.” (Lois, 2016)

Gracias a Dios siempre hay excepciones, pero Canva es un caramelito bien envuelto que no hay que menospreciar. Muchos de mis clientes usan Canva y eso hace que según qué trabajos de poca intervención creativa no colapsen mi agenda. 

El concepto creativo puede, por supuesto, nacer y formarse dentro de los límites de una plantilla, pero tiene mucho más sentido hacerlo evolucionar en una página en blanco. Y debemos perderle el miedo a ese dragón y recordar que los publicistas acotamos nuestras ideas a una estrategia. Nuestro objetivo es comunicar y vender. Tenemos directrices. Cimientos sobre los que construir. Las plantillas no son el mejor punto de partida.

Los programas con plantillas contribuyen a la homogeneización del diseño gráfico

Y no solamente nos enfrentamos a la homogeneización de las soluciones gráficas. También a la de las ideas. Los algoritmos toman el control de todo y hay que ser muy valiente para ser diferente. O venir así de fábrica, que es algo poco común. Ser valientes no solamente para investigar nuevos caminos creativos, sino para equivocarse al intentarlos. Pero ¿no debe ser la carrera creativa el lugar donde intentar cosas sin temer a rascarse las rodillas? Si nos quedamos en las plantillas, ¿dónde está la experimentación y la investigación? No nos equivocamos, pero tampoco aportamos. Nos apartamos sistemáticamente de la diferenciación, la innovación y la creatividad. Y creo que estamos aquí, para justamente lo contrario.

La homogeneización de las soluciones gráficas acaba con los diseños únicos y más creativos. (Creative Commons)

Canva no es el demonio, pero no nos hace bien. Si hacemos exactamente lo mismo que todos los demás, ¿qué razón hay para que las marcas acudan a nosotros? ¿Nos estamos dinamitando solitos nuestro futuro? Cierto es que al final es todo cuestión de tiempo y de dinero: si el cliente no tiene presupuesto, no acudirá a nosotros y utilizará plantillas. Si el cliente no valora el trabajo del experto, tampoco acudirá a nosotros y utilizará plantillas. En esta segunda hipótesis, nos hace un favor tremendo. Es mejor que quién no valore nuestra aportación como expertos en comunicación y creatividad se mantenga lejos y no nos meta palos en las ruedas.

Lo que hace único un diseño es la idea que hay detrás

Las plantillas han venido para quedarse. Canva ha venido para quedarse. En nuestras manos está darle valor a la idea. Situarla donde merece. Hacerla protagonista. ¿No parece más lógico, en vez de juguetear con plantillas y fórmulas estándar, invertir el tiempo en educar a las marcas y convencerlas de que podemos ayudarles a construir una imagen propia, potente y diferenciadora? 

Canva no es el demonio. La pereza, sí.

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Etiquetes: Last modified: 20 de setembre de 2022
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